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Resumen La euforia inicial que generaron las nuevas tecnologías como panacea para los problemas del desarrollo ha terminado. Están surgiendo perspectivas más criticas y cuidadosas a medida que van surgiendo las lecciones de las experiencias en el terreno. La Internet, por ejemplo, aunque puede ser una potente herramienta para el desarrollo humano, sabemos que no puede remediar todos los problemas del desarrollo. El énfasis sobre el acceso a la tecnología sigue siendo importante, pero el uso significativo y la apropiación social de estas tecnologías es aún más importante. La mayoría de los esfuerzos realizados hasta la fecha se han concentrado en proporcionar acceso público y comunitario a la Internet por medio de telecentros y actividades relacionadas. Aun cuando los telecentros pueden incrementar el acceso a las nuevas tecnologías y de ese modo mejorar la educación, promover la participación de los ciudadanos y abrir nuevas oportunidades económicas, la experiencia actual demuestra que se requieren esfuerzos de mucha mayor magnitud que los implicados en simplemente instalar computadores y conectarlos a la Internet. El presente artículo, que se vale de la investigación y de las actividades apoyadas por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (CIID) en América Latina y en el Caribe, ofrece una perspectiva crítica sobre el uso de la Internet para el desarrollo y la contribución de los telecentros en este proceso. Las tecnologías de información y de comunicaciones no ocurren en un vacíoLa adopción de tecnologías de información y comunicaciones (TIC) para el desarrollo ocurre al interior de complejos sistemas sociales de poder y desigualdad. Son tecnologías que pueden exacerbar aun más las desigualdades existentes, o bien, dándose las condiciones apropiadas, pueden ayudar a aliviarlas. El problema radica en que no hay una fórmula mágica para fabricar las condiciones idóneas que las hagan significativas para el desarrollo humano. Por lo tanto, en lugar de tratar de obtener una matriz estándar de éxito tenemos que ser ingeniosos y aprender de las experiencias en el terreno, adaptando creativamente de un contexto a otro lo que sabemos que funciona. Antes de analizar algunos de los mitos y asunciones subyacentes a la visión de las tecnologías de información y comunicaciones como panacea para el desarrollo, es importante dejar en claro por qué nos centramos en la Internet como la herramienta clave de las TIC para el desarrollo. El teléfono, a pesar de las capacidades de difusión por tele conferencias y por fax, sigue siendo en su mayor parte un medio de comunicación de uno a uno, a diferencia de otras tecnologías de comunicaciones como la radio o la televisión, por ejemplo, donde predomina la comunicación de uno a muchos (a pesar de los usos relativamente escasos del video participativo y de la popularidad, hoy ya bien documentada, de las emisoras de radio comunitarias). La Internet, por otra parte, y específicamente sus aplicaciones más populares –correo electrónico, el World Wide Web, los grupos de noticias y los chatrooms– han abierto oportunidades sin precedentes de formas de comunicación de muchos a muchos, con el potencial de cambiar la naturaleza de las interacciones en la esfera pública. Desde esta perspectiva, las tecnologías de información y comunicaciones son “redes importantes de intercambio que pueden fomentar o inhibir la comunicación de muchos a muchos en la esfera pública” [3]. Esta definición es particularmente relevante para entender la función de las TIC en los países en desarrollo en lo que respecta al conjunto complejo de factores y a la multitud de efectos que se pueden derivar de su uso. En el presente artículo nuestras experiencias con los telecentros nos servirán como un lente a través del cual examinaremos la promesa de las tecnologías de información y comunicaciones para el desarrollo. Si estas tecnologías han de forjar un cambio significativo más allá de las elites y de los grandes negocios, los telecentros constituyen la única manera en la cual los sectores más amplios de la población pueden acceder y usar los recursos de las TIC y apropiarlos para mejorar sus condiciones de vida. La hipótesis de los beneficios intrínsecos de la nueva economía de la informació
Los telecentros en la economía de la informaciónExiste poca evidencia de que los tele trabajadores estén usando los telecentros de manera significativa o que los telecentros se estén convirtiendo en actores importantes en las transacciones de comercio electrónico, adquisiciones en línea u otras oportunidades en la economía de la información (por razones obvias: comunidades marginadas con pocos ingresos y una mayoría sin tarjetas de crédito). No obstante, hay mayor evidencia de mejoras marginales en la situación económica del personal y de los usuarios de los telecentros gracias a las nuevas habilidades adquiridas al aprender a usar aplicaciones de computador, dejándolos en mejor posición de encontrar un trabajo mejor (lo que a su vez crea un problema para dotar de personal a los telecentros, ya que los buenos operadores con frecuencia encuentran trabajo mejor pagado en otra parte) o con la posibilidad de obtener pequeñas ganancias vendiendo bienes y servicios preparados en el telecentro. El ejemplo más corriente son las grabaciones (ilegales) de música en discos compactos. Hay excepciones como es el caso de un pequeño telecentro en Esmeraldas, Ecuador originalmente orientado a la juventud de la calle, el cual creció hasta convertirse en un proveedor regional de servicios de Internet (Esmenet) con varios cafés Internet en la ciudad. Scott Robinson sugiere el uso de telecentros vinculados a microbancos para la transferencia de remesas de bajo costo, acompañados de un conjunto de recursos genéricos financieros, de comunicación, educación y de información, incluso de comercio electrónico. [9] Las remesas que envían los parientes que trabajan en el extranjero (ejemplos típicos de trabajadores estacionales mexicanos en Estados Unidos, dominicanos en Nueva York, cubanos en Miami o haitianos en Montreal) constituyen una fuente importante de divisas extranjeras en toda América Central, el Caribe y en otras partes de América Latina. Las instituciones financieras cobran comisiones muy altas y las familias que esperan ese dinero gastan demasiado en llamadas telefónicas, ansiosos por saber “cuándo llega el dinero“. La idea de Robinson quizás tenga una oportunidad de fructificar dada la atención que el Presidente Vicente Fox está prestando a este asunto en México, al igual que los gobiernos de los países centroamericanos. La premisa de una mejor educación por medio de la tecnologíaA menudo, la rápida expansión de las tecnologías de información y comunicaciones se ha asociado de manera errónea con un mejoramiento automático de los niveles y la calidad de educación. Las altas expectativas puestas en el impacto potencial de las herramientas de estas tecnologías, la Internet por ejemplo, ha llevado a muchos a pensarlas como soluciones “mágicas” al amplio espectro de problemas existentes en el sector educativo en los países en desarrollo. La siguiente cita de un ministro de finanzas de un país latinoamericano, refiriéndose a un programa para introducir nuevas tecnologías en las escuelas públicas, refleja claramente las percepciones erróneas que generalmente se tienen sobre el papel que desempeñan las TIC en la educación: “Este programa de ustedes me encanta. Realmente hace un aporte sustantivo. Se instalan máquinas, los niños aprenden, se quitan maestros, se reduce la planilla del Estado, y, lo mejor de todo, se eliminan las huelgas…¡Un caso perfecto de reestructuración del Estado!”.[10] La tendencia tecnocentrista parte del supuesto que es suficiente instalar máquinas para asegurar niveles más altos de educación y para compensar por la baja calidad de docentes y la falta de herramientas didácticas, ignorando la distinción crucial entre acceso a la información y conocimiento. El conocimiento tiene que ver con la capacidad de aplicar y usar eficazmente la información, incorporándola como parte integral de la vida. Implica poner énfasis en el desarrollo de la persona como un todo. No es sólo la capacidad de transmitir destrezas de computación sino que va mucho más allá, al desarrollo de habilidades que permitan que los usuarios sean activos, no pasivos, que entiendan mejor los beneficios y aplicaciones de la cultura digital y desarrollen capacidades creativas y cognitivas que les faciliten su inserción en el mercado laboral.[11] Hay una variedad de desafíos que superar para poder usar eficazmente la Internet en la educación. En la práctica, limitaciones financieras, tecnológicas y logísticas son reforzadas por las débiles concepciones y propuestas pedagógicas [12]. Hasta el momento los beneficios han sido evidentes para una minoría de estudiantes privilegiados que pueden pagar o tener acceso a oportunidades educativas en línea. La inclusividad de la educación digital es, de hecho, muy limitada, especialmente tomando en cuenta las grandes disparidades todavía prevalecientes entre las comunidades urbanas y rurales de las regiones en desarrollo, así como la falta estructural de acceso y oportunidades de capacitación para la gran mayoría de la población. Los telecentros y nuevas oportunidades en educaciónA pesar del hecho de que la falta de cobertura educacional sigue siendo un asunto prioritario de la agenda de desarrollo de varios gobiernos latinoamericanos, la educación a distancia a través de la Internet ofrece una nueva posibilidad educacional que puede efectuarse desde ubicaciones alternativas, como los telecentros. A menudo ubicados en escuelas y universidades, los telecentros ofrecen a los estudiantes y al público nuevas fuentes de información y constituyen herramientas importantes para realizar investigación y facilitar el proceso de aprendizaje con ayuda de capacitadores. Sin embargo, la conexión más importante entre los telecentros y la educación descansa en las experiencias de las escuelas y universidades que abren sus laboratorios de computación al público después de las horas normales de la escuela. Los estudiantes pasan a ser usuarios del telecentro para hacer sus tareas e investigaciones abriendo el camino para que otros puedan hacer lo mismo. El hecho de tener telecentros en las escuelas es, en efecto, una de las mejores maneras de asegurar su sostenibilidad --siempre que formen parte del presupuesto educacional. De no ser así, se corre el riesgo de que las escuelas con escasos recursos consideren al telecentro como una fuente de recursos financieros, cayendo ambos en la trampa de ahondar la exclusión poniendo los servicios públicos sólo a disposición de aquellos que pueden pagarlos. La hipótesis de mejor gobernabilidad y democracia por medio del gobierno en líneaEl concepto de Gobierno electrónico (o gobierno en línea) alude al uso de tecnologías de información por parte de organismos gubernamentales que tienen la capacidad de transformar las relaciones con sus ciudadanos, negocios y otras ramas del gobierno creando una multitud de nuevas conexiones digitales. [13] Basado en el supuesto de que el gobierno es demasiado costoso, demasiado ineficiente e ineficaz, se espera que la implementación de la gobernabilidad en línea, por medio de tres dominios principales --administración electrónica, servicios electrónicos y sociedad electrónica—redunde en un mejoramiento de los procesos gubernamentales, conecte a los ciudadanos y construya interacciones con la sociedad y al interior de ella, respectivamente. [14] Sin embargo, la promesa de una mayor eficiencia, trasparencia y participación en los asuntos del gobierno no se puede esperar que provenga únicamente de, o que se atribuya exclusivamente a, la creación de sitios web gubernamentales. La creación de un marco tecnológico adecuado para un gobierno en línea implica la existencia de intermediarios eficientes de mensajes y de administración del sistema, así como el apoyo a una variedad de componentes de software tales como capacidades de búsqueda, motores de flujo de trabajo, procesamiento de pagos y formularios electrónicos. [15] Otros asuntos tales como acceso, capacitación a los ciudadanos, rendición de cuentas, equidad, seguridad y acceso a personas con discapacidades, son factores que no pueden dejarse de lado cuando se analiza el alcance y las implicaciones del uso de las nuevas tecnologías para mejorar la gobernabilidad. La estructura humana y organizativa que da soporte a la estructura electrónica de los servicios del gobierno en línea es crucial. Adicionalmente, poniendo formularios gubernamentales y otra información en la web es posible producir un efecto de “desintermediación”, reduciendo la posibilidad de que empleados públicos y otros cobren ilegalmente a los ciudadanos por el acceso a dicha información [16]. Sin embargo, el modelo de “desintermediación” y del gobierno en línea solamente es factible para la minoría que tienen acceso a las tecnologías de información y telecomunicaciones en los países en desarrollo, poniendo en evidencia la necesidad de crear un modelo más inclusivo que responda a las necesidades y restricciones de la gran mayoría que ha quedado en el lado desposeído de la división digital. Muchos países en desarrollo todavía están en la etapa inicial de “gobierno en línea”, fundamentalmente poniendo información en una página web, en lugar de “un gobierno que funciona en red” o “gobierno digitalizado”. Estos últimos se refieren a gobiernos que han digitalizado sus sistemas de información y que pueden conectarse eficazmente con los ciudadanos y con las empresas del país. Los telecentros y gobernabilidad en líneaLos telecentros pueden llegar a ser elementos claves de un nuevo modelo de “reintermediación” que permite que todos aquellos que no son propietarios, ni usuarios directos de tecnologías de información y comunicaciones, se beneficien del potencial de la gobernabilidad en línea. [17] Proporcionando un “intermediario humano (el operador o facilitador del telecentro) entre el ciudadano y la creciente infraestructura digital del gobierno en línea”, [18] el telecentro puede convertirse en el puente que provea no sólo acceso a la información del gobierno, sino también un canal por medio del cual los pobres y marginados puedan expresar sus opiniones, hacer oír sus necesidades y soluciones, y participar en el debate público y en el proceso de toma de decisiones. Sin embargo, es crucial diferenciar entre tener acceso a la tecnología y tener la capacidad de usarla realmente y apropiarse de ella para mejorar no sólo el desarrollo humano, sino también la capacidad de los ciudadanos de ejercer sus derechos como tales y participar en el contexto político más amplio. Un estudio reciente de programa de conectividad de masas en América Central destinado a reducir la brecha digital, concluye que esta división digital, que es expresión de la división social, continuará empeorándose con la introducción de las tecnologías de información y comunicaciones. [19] Al mismo tiempo, los telecentros pueden ofrecer servicios a los gobiernos locales diseñando y albergando sus sitios web y explorando el uso de sistemas de exploración geográfica que permitan que los usuarios puedan recopilar, integrar y analizar vastas cantidades de datos que pueden ser usados para abordar problemas ambientales [20], mejorando así el uso y la planificación de recursos. Los telecentros a menudo están ubicados en oficinas gubernamentales, lo que representa tanto una oportunidad interesante, como una amenaza. Aunque los telecentros ubicados dentro de oficinas gubernamentales pueden tener un futuro estable, lo que está en riesgo es su independencia y su uso no politizado. De hecho, si los telecentros reproducen o representan los poderes gubernamentales existentes, su habilidad de transformar las prácticas actuales y fomentar nuevas maneras de participación ciudadana pueden verse significativamente limitadas. Repensando la promesa de los telecentros para el desarrolloDespués de cinco años de experimentos y exploraciones, los telecentros se están acercando a la madurez en América Latina y en el Caribe. “En muchos casos, el telecentro se ve como una fuerza catalizadora en la comunidad, un punto focal donde una variedad de actores sociales, (educadores, funcionarios de gobierno, jóvenes, artistas y artesanos, campesinos, grupos de mujeres) pueden reunirse y usar herramientas basadas en la tecnología para beneficiarse de oportunidades, que de otro modo serían inexistentes, para mejorar la calidad de vida en el ámbito local. Proporcionando una amplia gama de servicios, los telecentros trabajan para fomentar y complementar la educación informal, la capacitación, el apoyo y la promoción cultural, la gobernabilidad, así como las oportunidades económicas y la productividad” [21]. No obstante, la promesa sobrepasa por mucho la evidencia que la apoya.Telecentros funcionando en red: lecciones aprendidas, lecciones por aprenderSomos@telecentros[22], la red latinoamericana de telecentros, ha estado promoviendo un espacio colectivo para analizar, fortalecer y aprender de las experiencias de los telecentros de la región. Una serie de reuniones nacionales realizadas después del taller regional en el 2001, concluyó que no hay una manera establecida de asegurar el éxito de un telecentro… lo más cercano a una fórmula mágica es la necesidad de la participación de la comunidad, la capacidad de adaptación a un contexto local cambiante y mucho trabajo. La lámpara de Aladino no tenía genio después de todo. La experiencia de los telecentros latinoamericanos demuestra que no se puede aplicar el mismo modelo de implementación de manera uniforme a toda la región. Por el contrario, el modelo que ha tenido éxito hasta el momento se basa en procesos participativos, a través de los cuales la comunidad puede expresar sus ideas e incidir en el desarrollo del telecentro. Este tipo de participación no sólo concuerda con el logro de la meta social de los telecentros -- abordar las necesidades de la comunidad y emprender acciones basadas en el uso de las TIC para mejorar la calidad de vida de la población-- sino que a su vez contribuye a alcanzarlas. Uno de los mayores desafíos que enfrentan los telecentros en toda la región es la necesidad de incidir en las políticas en el ámbito local, nacional y regional. La necesidad de que los gobiernos entiendan el derecho a la comunicación y a la información como un derecho humano básico se ha sugerido como manera de garantizar que las políticas públicas aborden no sólo asuntos de conectividad, sino también, y lo que es más importante, el acceso de la comunidad a la información y al conocimiento. [23] Al mismo tiempo, es necesario seguir enfatizando y mejorando el componente de capacitación de los telecentros. Por una parte, la capacitación de operadores es esencial para la transferencia de conocimiento e información a la comunidad y, por otra parte, la capacitación de usuarios es necesaria para asegurar la apropiación eficaz de tal conocimiento [24], así como el uso con propósitos específicos de tecnologías como la Internet. Los telecentros desempeñan, de hecho, un papel esencial en la promoción del uso social de la web y en permitir que la comunidad obtenga el máximo beneficio del intercambio de ideas, experiencias, conocimientos o tecnología por medios electrónicos, que puedan ser aplicados a sus actividades diarias. De la misma manera, el papel que desempeñan los gobiernos es esencial para las actividades de los telecentros –a ellos les corresponde proporcionar una estrategia clara de telecomunicaciones que promueva una mejor conectividad, costos bajos, acceso equitativo y en general mayores oportunidades de promover las tecnologías de información y comunicación como herramientas de participación y empoderamiento social. En resumen, ¿a quién(es) benefician los telecentros?La promoción de telecentros que respondan a una visión social de las tecnologías de información y comunicaciones implica programas destinados no a la nueva instalación de infraestructura, sino al mejoramiento de la capacidad de las personas para usar eficazmente los recursos de las TIC y combinarlos con otras formas apropiadas de comunicación, implementarlas como herramientas para resolver problemas prácticos y mejorar las condiciones de vida de las personas, así como proporcionar acciones de seguimiento y de evaluación de acciones tomadas, resultados y lecciones aprendidas. [25] Uno de los peligros derivados de la manera en que se han implementado hasta la fecha las estrategias de las TIC, es que estas tienden a beneficiar sólo a aquellos que tienen mayor ingreso, mayor acceso y educación. Hasta ahora la mayoría de los usuarios de la Internet en los países en desarrollo responden precisamente a una minoría de hombres de raza blanca, de edad mediana, con ingresos elevados y con algún grado de manejo del idioma inglés. [26] La marginación de los sectores pobres de la población, especialmente de las mujeres, sigue siendo un desafío que las tecnologías de información y comunicaciones tienen que superar si han de contribuir al desarrollo y a la inclusión social. Sin adoptar un enfoque más social, dando prioridad a un acceso equitativo, al uso significativo y a la apropiación social de las TIC, la división digital continuará reflejando la división social que caracteriza la exclusión y marginación de las sociedades en desarrollo. La adopción de la Internet y las tecnologías de comunicación han probado tener repercusiones muy positivas en algunas instancias. Acceso mejorado a oportunidades de educación, mayor transparencia y eficacia en los servicios gubernamentales, más oportunidades de comercio y mercadeo para comunidades marginadas, mayor acceso y empoderamiento de la comunidad por medio del acceso a la información y nuevas oportunidades de empleo son sólo algunos de los ejemplos que han contribuido a la creencia de que estas tecnologías realmente desempeñan un papel positivo en el desarrollo. Sin embargo, se debe entender claramente la medida en que estas tecnologías pueden promover efectivamente el desarrollo. Aunque de hecho pueden constituir herramientas claves para el desarrollo, su función complementa otras estrategias de desarrollo implementadas por los gobiernos y reforzadas por otros actores como el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil. De la misma manera en que su potencial no se traduce en iguales oportunidades para todos los sectores de la población, no debemos suponer que los problemas de acceso, conectividad, capacitación y apropiación en las regiones en desarrollo se resolverán automáticamente por la lógica de mercado que hasta ahora ha sido la fuerza motriz del crecimiento de las tecnologías de información y comunicaciones en todo el mundo. Las iniciativas de los telecentros en toda la región han demostrado la importancia de estrategias participativas que permitan la integración de la comunidad en el proceso de adopción e implementación de las tecnologías de información y comunicaciones para el desarrollo. El acceso de la comunidad por medio de los telecentros, de hecho ha permitido que los beneficios de la Internet lleguen a un grupo mayor de usuarios, especialmente entre los pobres y marginados que de otra manera habrían perdido la oportunidad de participar en la era de la información. No obstante, la experiencia también ha demostrado que los la creación de telecentros no es suficiente para reducir la división digital o para garantizar una mayor participación de la población. Es necesario orientar más esfuerzos en la obtención de capacitación e infraestructura; políticas públicas que apoyen una legislación favorable, mayor participación e integración de la comunidad; más alianzas entre los sectores privados, públicos y sectores de la sociedad civil para garantizar la sostenibilidad; y mayor participación de las mujeres y de todos los actores sociales que puedan aportar a estas iniciativas y beneficiarse de ellas. Para que los telecentros estén al servicio del desarrollo humano deben enfocarse no sólo en el aspecto tecnológico de la conectividad sino más bien en un contexto social más amplio y en el uso significativo de los recursos de comunicación para el desarrollo humano. Como lo hemos visto, promover el desarrollo implica más que facilitar el acceso a equipos y a servicios necesarios. También conlleva un esfuerzo por conformar estructuras más amplias de oportunidades que redunden en un mayor progreso social y económico. Aspectos tales como posibilitar entornos propicios para políticas, oportunidades igualitarias de acceso y, lo más importante, el uso eficaz, crítico y basado en conocimientos de las herramientas disponibles, son las bases que pueden ayudar a convertir la Internet en una herramienta para el desarrollo social en América Latina. Aunque la Internet en sí misma no es la solución a problemas como la desigualdad social, la falta de participación civil o democratización, sí puede, si se dan las circunstancias propicias, llegar a ser un componente clave de una estrategia más amplia de desarrollo que aborde, entre otras cosas, las enormes disparidades económicas y sociales que limitan el potencial de innovación y de cambios tecnológicos en los países latinoamericanos. Notas a pie de página:
Editorial : CIID - Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo, Canadá |
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