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Identificación: 84542
Creado: 2005-07-05 14:56
Modificado: 2005-07-05 14:56
Refreshed: 2012-02-06 20:10

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Introducción
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Cualquier pronóstico a largo plazo sobre el desarrollo de la humanidad se funda en una visión del mundo basada en un sistema de valores y en una ideología concreta. Suponer que la estructura del mundo actual y el sistema de valores que la sustenta pueden ser proyectados sin cambios hacia el futuro, no es una visión "objetiva" de la realidad, como a veces se sostiene, sino que implica también una toma de posición ideológica. Por eso, la diferencia que suele establecerse entre modelos proyectivos y normativos a largo plazo es esencialmente falaz.

El modelo que aquí se presenta es explícitamente normativo; no se ocupa de predecir qué ocurrirá si continúan las tendencias actuales de la humanidad, sino de señalar una manera de alcanzar la meta final de un mundo liberado del atraso y la miseria. No pretende ser "objetivo" en el sentido valorativamente neutro con el que frecuentemente se usa esa palabra; representa la concepción del mundo que comparte sus autores y con la cual se hallan profundamente comprometidos. Es objetivo, sí, en el sentido que parte de una visión realista y descarnada de los problemas del mundo actual, y trata de encontrar soluciones basadas en la capacidad de cambio y creación tantas veces demostrada en el pasado por la sociedad humana.

Una meta de esa amplitud no puede ser englobada totalmente en una estructura formalizada. Por eso, en este trabajo, el término modelo se usa en dos sentidos diferentes; en primer lugar, como sinónimo de proyecto de sociedad ideal, y en segundo lugar, como modelo matemático.

El proyecto de sociedad ideal nace como respuesta a las corrientes de opinión que, sobre todo en los países desarrollados, postulan que el problema fundamental que enfrenta la humanidad actual es el límite impuesto por el ambiente físico. Como es bien sabido, de acuerdo con esa concepción el aumento exponencial del consumo y de la población terminará fatalmente agotando los recursos naturales del planeta, probablemente en el futuro próximo. Además, y aunque los recursos naturales no se agoten en el futuro previsible, la creciente contaminación del medio ambiente provocará a corto plazo el colapso del ecosistema. El resultado final será siempre el mismo: detención catastrófica del crecimiento con muerte masiva de la población, y descenso de las condiciones generales de vida a niveles preindustriales.

Las soluciones que se proponen en algunos de los círculos más influyentes de los países desarrollados pueden sintetizarse en pocas palabras:

Image El problema principal es el rápido crecimiento de la población, sobre todo en los países subdesarrollados.

Image Contenerlo es la condición indispensable para evitar la catástrofe.

Image El control de la contaminación, el uso racional de los recursos, etc., son sólo medidas complementarias.

La característica básica de esta posición es que no pone en duda los valores centrales de la sociedad actual.

La actitud de los autores de este modelo es radicalmente diferente: se sostiene que los problemas más importantes que afronta el mundo moderno no son físicos sino sociopolíticos, y están basados en la desigual distribución del poder tanto internacional como dentro de los países, en todo el mundo. El resultado es una sociedad opresiva y alienante, asentada en gran parte en la explotación. El deterioro del medio físico no es una consecuencia inevitable del progreso humano, sino el resultado de una organización social cimentada en valores en gran parte destructivos.

El modelo, en el sentido de proyecto social, se apoya sobre la premisa de que sólo cambios radicales en la organización social e internacional del mundo actual pueden liberar al hombre definitivamente del atraso y la opresión. Se propone entonces un cambio hacia una sociedad básicamente socialista, basada en la igualdad y la plena participación de todos los seres humanos en las decisiones sociales. El consumo material y el crecimiento económico se regulan de manera que permitan lograr una sociedad intrínsecamente compatible con el medio ambiente.

Describir una sociedad ideal no es, sin embargo, suficiente; es necesario, además, demostrar que es materialmente viable. Para ello, es preciso, en primer lugar, probar más allá de toda duda legítima que en el futuro previsible el medio ambiente y los recursos naturales no impondrán límites físicos absolutos; y en segundo lugar, mostrar que a partir de las condiciones actuales de disponibilidad de capital, mano de obra, evolución demográfica, existencia de tierra cultivable, etc., los diferentes países o regiones del mundo, especialmente los más pobres, pueden alcanzar los objetivos propuestos en un plazo razonable.

Para lograr el primer objetivo -demostrar que no existen límites físicos absolutos en el futuro previsible- se analizó el crecimiento actual sobre recursos naturales no renovables, energía y contaminación.

Para saber si es posible que los países o regiones del mundo alcancen los objetivos propuestos en un plazo y condiciones razonables a partir de las condiciones actuales, se construyó el modelo matemático. En otras palabras, el modelo conceptual es la propuesta de una nueva sociedad, y el modelo matemático, el instrumento para investigar su factibilidad material.

El modelo matemático se basa en el hecho de que la nueva sociedad se fija como objetivo prioritario del sistema productivo la satisfacción de las necesidades humanas básicas. Se definen como necesidades básicas alimentación, vivienda, educación y salud. Se considera que la satisfacción adecuada de estas necesidades es el prerrequisito indispensable para que un ser humano pueda incorporarse plena y activamente a su medio social y cultural. Pero todo esto no basta para construir una sociedad igualitaria y libre; es la precondición necesaria, aunque no suficiente.

El modelo matemático se construyó entonces centrado alrededor de la satisfacción de las necesidades básicas. Es esencialmente un modelo económico, o más exactamente, un modelo del sistema productivo, donde se diferencian cinco sectores: alimentación, educación, vivienda, bienes de capital y otros servicios y bienes de consumo. Este último sector comprende todo lo no incluido en los otros cuatro. Se utiliza una función de producción que permite la sustitución entre capital y trabajo, y un coeficiente que refleja el progreso de la productividad a través del adelanto tecnológico.

Una característica muy importante del modelo, y que lo diferencia de casi todos los construidos hasta ahora, es que la población la genera, en forma endógena, un submodelo que relaciona las variables demográficas con las sociopolíticas. Este submodelo permite investigar una de las hipótesis básicas que plantea el trabajo: la única manera realmente adecuada de controlar el crecimiento de la población es a través de la mejora de las condiciones básicas de vida. Tanto la investigación realizada para construir el sector demográfico como las corridas del modelo, cuyos resultados se exponen en el capítulo 9, muestran que esta hipótesis es esencialmente correcta.

Cuando el modelo funciona, la misión esencial del sistema económico es asignar capital y mano de obra entre los cinco sectores, de manera que permita obtener una distribución óptima de los mismos. Surge entonces un interrogante, ¿cómo se define esa distribución óptima, y cuál es la manera de obtenerla? Después de investigar exhaustivamente el problema, se optó por introducir un mecanismo matemático que optimiza la esperanza de vida al nacer. En otras palabras, el modelo asigna recursos a cada uno de los sectores de manera tal que la esperanza de vida alcance el valor máximo posible en cada momento de la corrida, tomando en cuenta por supuesto una gran cantidad de restricciones.

Esta solución se eligió porque el modelo de población indica que la esperanza de vida está determinada por las variables socioeconómicas que modifica el modelo, y es sensible a las variaciones de las mismas. En consecuencia, el modelo, en lugar de maximizar algún indicador económico -el PBN por ejemplo- como es usual en muchos trabajos de este tipo, utiliza un indicador que refleja realmente las condiciones generales de vida de la población.

Por otra parte, la construcción de un modelo formalizado del mundo impone necesariamente restricciones que provienen de la naturaleza misma del instrumento utilizado. Estas restricciones se traducen básicamente en simplificaciones de la realidad. Algunas de ellas merecen un comentario especial aquí.

El primer problema que plantea la construcción de un modelo global es el grado de desagregación de las unidades geográficas y políticas a utilizar. ¿Se trata el mundo como una sola unidad? Si no es así, ¿qué unidades se eligen: naciones, regiones, continentes? La solución aquí adoptada se basa por un lado en los objetivos del mismo y por el otro en consideraciones de operatividad.

El objetivo central, como ya se ha señalado, es determinar en qué plazos y condiciones se pueden llegar a satisfacer adecuadamente las necesidades básicas. Los plazos dependerán, como es natural, de las condiciones iniciales del país o región considerado. Esto impone claramente una primera desagregación del mundo en países desarrollados y subdesarrollados, ya que esta división en rigor se basa sobre las diferencias en los niveles económicos y de bienestar material.

Desde el punto de vista de su homogeneidad interna los dos grupos de países ofrecen características distintas; los desarrollados, pese a sus diferencias de organización política y social, poderío relativo, etc., muestran todos indicadores económicos y de bienestar bastante similares. Para efectos del modelo pueden considerarse un solo bloque.

Los países subdesarrollados, en cambio, presentan un espectro más amplio; van desde países con baja densidad de población y niveles económicos medios, hasta países con altas densidades de población y niveles económicos muy bajos. Por otra parte, el modelo se centra sobre todo en la problemática de los países del Tercer Mundo, por lo que éstos requieren un tratamiento más detallado que los países económicamente más desarrollados.

El modelo, por otra parte, pone un énfasis muy grande en la autarquía; se trata de saber si los bloques o países pueden alcanzar los objetivos propuestos basándose principalmente en sus propios recursos. Teniendo en cuenta la amplia disparidad en extensión territorial y dotación de recursos de las unidades nacionales, es obvio que la complementación económica regional juega un papel irreemplazable en el desarrollo autónomo; entendido esto no sólo como aislamiento nacional, sino en el contexto más amplio de la solidaridad entre países que comparten una misma problemática. Esta complementación, por otra parte, se facilita grandemente por la contigüidad geográfica.

Para cumplir estos dos requisitos -relativa uniformidad de condiciones económicas iniciales y proximidad geográfica- se decidió dividir el mundo subdesarrollado en tres bloques continentales: América Latina, Africa y Asia.

Dentro de estos bloques, obviamente, existen también grandes disparidades. La solución ideal quizá hubiera sido desagregarlos por regiones más homogéneas; pero esto no se hizo, sin embargo, por razones operativas. En primer lugar, y sobre todo en los países subdesarrollados, la información existente sobre los indicadores utilizados es, en muchos casos, limitada y poco confiable; desagregar más los continentes hubiera implicado introducir mayores fuentes de error. En segundo término, la desagregación regional, sin añadir significativamente nada a los objetivos centrales del modelo, lo hubieran complicado mucho, dificultando su manejo.

Otra simplificación quizá más importante aun que la anterior, es el hecho de que en la agrupación de países no se toman en cuenta las diferencias entre la diversidad de regímenes políticos y sociales. Así, tanto en el bloque desarrollado como en el de los subdesarrollados, no se distingue entre países socialistas y países capitalistas.

La justificación de este hecho se vincula con los objetivos perseguidos por el modelo, que trata de verificar la factibilidad material de la nueva sociedad propuesta. Los resultados presentados en el capítulo final se obtienen bajo la hipótesis de que en el año 1980 comienzan a operar las políticas tendientes a poner en vigor la sociedad deseada. Por esto las actuales diferencias de regímenes dejan de ser significativas a partir de ese momento.

En el trabajo no se trató de describir la etapa de transición: en otras palabras, no se pretende indicar cuál es el proceso por el cual la humanidad puede alcanzar los objetivos propuestos. La razón principal es que es muy difícil, como lo prueba la historia, predecir qué forma adoptarán los procesos de cambio social. Y, sobre todo, porque no ha sido este el objetivo que llevó a construir el modelo.

Su finalidad principal es demostrar que es materialmente posible una humanidad liberada del atraso, la opresión y la miseria. Que esa posibilidad se materialice o no, dependerá de la voluntad y de las acciones de los hombres. Si el modelo contribuye a movilizar esa voluntad en la dirección propuesta, habrá cumplido el objetivo que se fijaron sus autores.

Finalmente, una breve aclaración sobre algunos términos utilizados en el trabajo. Las expresiones "países subdesarrollados", "países desarrollados" y "Tercer Mundo", han sido empleadas con diversos significados y en diferentes contextos, por lo que al usarlas se corre siempre el riesgo de que sean interpretadas de una forma que poco tiene que ver con las intenciones de los autores. Conviene aclarar entonces que estas expresiones se manejan a falta de otras mejores, y siempre con intenciones puramente descriptivas.







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